Friedrich Nietzsche

L'État , c'est ainsi que s'appelle le plus froid des monstres froids et il ment froidement, et le mensonge que voici sort de sa bouche : « Moi, l'État, je suis le peuple. »

Maxime Gorki

Le mensonge est la religion des esclaves et des patrons

dimanche 19 septembre 2010

El Siglo Malvado 9
Edward Bernays

Si comprendemos los mecanismos y las motivaciones del pensamiento grupal, no podemos acaso controlar y disciplinar a las masas según nuestra voluntad, sin que lo sospechen? La práctica reciente de la propaganda probó que era posible, por lo menos hasta cierto punto.

— Edward Bernays, Propaganda, 1928



La Ingeniería del Consentimiento

Edward Bernays, a quien Joseph Goebbels idolatraba, existió realmente. Dígale a su prima Natalia, la que repite constantemente "teoría de complot", que puede callarse. Por otra parte, esta frase, "teoría de complot", es lo que Bernays llamó un "sello (rubber stamp)"; ver anexo 1.

En 1923 Bernays publica Crystallizing Public Opinion (Cristalizando la opinión pública). Las relaciones públicas modernas han nacido, y reemplazan en lo sucesivo las primitivas técnicas publicitarias.

La Masacre de Ludlow

No es Edward Bernays quien inventa la profesión de asesor en relaciones públicas. El primero que verdaderamente cumplirá este papel será Ivy Ledbetter Lee.


No sólo es en Europa dónde la guerra hace furor, en 1914. En América, el mundo corporativo se enfrenta con los obreros. Con ametralladoras. Durante una huelga de mineros particularmente acrimoniosa en Ludlow, Colorado, John D. Rockefeller contrata al ejército, que abre el fuego en el campamento de los huelguistas. Dos mujeres, seis hombres y doce niños mueren carbonizados y acribillados a balazos en la matanza, y centenares son heridos. Extrañamente, este pequeño inconveniente perjudica la imagen de Rockefeller, que ya sufrió por la publicación de numerosos artículos que revelaban sus artimañas de crápula mafiosa y la escala apenas humana de la corrupción que su tentacular Standard Oil engendró en el mundo entero. De hecho, la época del famoso "que el público se vaya a la mierda" de Vanderbilt hijo ya pasó. El público comienza a hartarse, y quizás sueña finalemente con colgar de las columnas de alumbrado a los puercos que degollan a sus niños. Ya se les pasará.

Así nace la era moderna de las relaciones públicas.
Poison Ivy (hiedra ponzoñosa) Lee es contratado por Rockefeller para rehacer su imagen. Lee inunda los periódicos con artículos que exponen a los sindicatos (y toda oposición obrera) como freno a la muy deseable libertad industrial. Por otra parte, Lee convence a Rockefeller que la renovación de su imagen pasa por una apariencia de grandeza de espíritu, y que el éxito financiero de sus múltiples carteles no hará más que sacar provecho de eso. De dónde la idea de todas estas larguezas y generosidades, de las que el espectáculo grosero adornará desde ahora en adelante sin piedad las columnas de la máquina mediática.

Hoy, conocemos mejor a Rockefeller por la bondad infinita de su filantropía munífica que por sus prácticas ilegales de negocios, su brutalidad en las relaciones de trabajo, su papel siniestro en el ascenso de la Alemania Nazi. ¡Es un éxito resonante de relaciones públicas!

A partir de este día, Ivy Lee cuidará la imagen de Rockefeller y de sus amigos y colegas, que se preparaban para un largo siglo de malas acciones, y acertadamente sospechaban que para mantener a la prima Natalia en la ignorancia, habría que inyectar incontables millones en lo que todavía no se llamaba desinformación. No sospechaban sin embargo hasta qué punto este pequeño y divertido oficio de anunciante de circo iba a perfeccionarse ante sus propios ojos, bajo la acción combinada del dinero al contado, el asombroso psicoanálisis, y el genio de un pequeño hombrecito llamado Edward L. Bernays.


Primeras armas

Edward Bernays nació en Viena en 1891, pero a la edad de un año, se hace ciudadano de los Estados Unidos de América cuando su papá Ely emigra a Nueva York. El pequeño Eddie es el sobrino de Sigmund Freud, de quien leerá los libros, y al que admirará no sólo por su celebridad, sino también por la profundidad de sus descubrimientos y con quien mantendrá un contacto privilegiado. Debuta en su carrera ocupándose de la puesta en mercado de una gira americana de los Ballets rusos, luego se hace empresario de Caruso, con el cual hace sus armas y gracias al cual será presentado a la crema del mundo del espectáculo, lo que le servirá más tarde. Intenta sin éxito alistarse en el ejército, que lo rechaza debido a sus lejanos orígenes austríacos. Que no quede por eso, lo encontramos en el estado mayor, donde ayuda a predicar el esfuerzo de guerra.

Uno de sus primeros clientes es Mazaryk, el presidente de la flamante Checoslovaquia. En 1918, Bernays lo persuade de retrasar la declaración de independencia de su país por un día, para asegurarse mejor las primeras planas de los periódicos.

Edward Bernays fuerza un quiebre importante en el modo de lanzar un producto en el mercado haciendo comprender a la industria que es más eficaz dirigirse indirectamente al deseo (inconsciente) del cliente que a sus necesidades.

Hasta los años 20, la compañía Pepillo el Pollo Inc le proponía a Natalia comprar los pollos de Pepillo el Pollo Inc alabando su durabilidad, su versatilidad, la calidad de su fabricación, y blablabla. A partir de Bernays, que comienza a experimentar en la gestión de masas utilizando la estimulación de la faceta irracional del ser, la empresa convence más bien a Natalia de que si bien no tiene pene, puede reemplazar ésta carencia con un pollo de Pepillo el Pollo Inc.

En los años 20, los grandes bancos americanos fundan cadenas inmensas de tiendas y las abarrotan a reventar de innumerables productos. Es el nacimiento de la sociedad de consumo y, de ahora en adelante, no hay más nada racional en la relación entre el consumidor y el producto, ya que es a su inconsciente que se dirigen. La amplitud del fenómeno es sorprendente. Es a partir de esta época que las cadenas de restaurantes crecen como hongos, proponiendo principalmente dos productos, el pene (hot dog) y la teta (hamburguesa).


La llama de la Libertad

Bernays cuenta con orgullo cómo consiguió hacerles fumar cigarrillos a las mujeres del planeta.

La American Tobacco pagaba desde hace años a las grandes estrellas de la ópera para hacer creer que los Lucky Strike suavizaban la voz, reposaban la garganta, magnificaban la voz y purificaban el tono. Una empresa competidora contrata a Bernays, que recluta un ejército de médicos y de especialistas de la garganta y la tráquea, encargados de expresar la idea que no hay prueba científica que permita afirmar que los Lucky Strike son mejores para la salud que sus competidoras, que de hecho, todos los cigarrillos son también benéficos para la garganta, la voz, y la salud en general, no sólo los Lucky Strike. El resultado es inmediato. Y al año American Tobacco contrata a Bernays, exigiendo desde el primer momento sólo una cosa, que no trabaje más para sus adversarios.

Las compañías americanas de tabaco habían dado un golpe genial en el curso de la primera guerra mundial, haciendo comprar al ejército mil millones de cigarrillos, que fueron distribuidos a los soldados con sus raciones. Hasta entonces, los hombres preferían el puro, la pipa o el buyo, considerados más viriles, pero cuando vuelven del frente en 1918, el cigarrillo se ha vuelto sinónimo de fraternidad, de victoria, y de la dominación americana. Un problema persiste, la mujer. Por una parte, el hombre se niega a ver fumar a la mujer. Numerosos establecimientos les prohiben a las mujeres entrar a los salones de fumar. Por otra parte, en cuanto a la mujer misma, encuentra vulgar la idea de fumar en público, y algunas raras fumadoras lo hacen a escondidas.

En los años 20, Bernays analiza la situación y somete sus observaciones a un psiquiatra de Nueva York, quien confirma sus sospechas. Bernays orquesta uno de los grandes golpes de marketing de la historia desviando una marcha católica (la procesión de Pascua) para convertirla en un acontecimiento político en provecho de las sufragistas. Una decena de jóvenes primeras, invitadas por él y cuidadosamente instruídas en el plan de batalla, se presentan al frente de la procesión, exhiben sus cigarrillos, y los encienden delante de las cámaras de los periódicos. Bernays les lanza el eslogan a los periodistas presentes: "ellas encienden antorchas en pos de la libertad ".

Es evidente. Los periódicos conceden la primera plana a la noticia. Los conservadores venden ejemplares gracias al aspecto escandaloso. Los progresistas están encantados. Los feministas exultan, se muestran jubilosos por la amplitud del fenómeno popular. Toda la sociedad estadinense es halagada en sus mucosas por la ineludible evocación de la sacrosanta libertad. La mujer, imbuída de emancipación, simplemente deberá fumar. ¡Fumar es votar!

Todo el mundo saca provecho de las fotos sexy de estas hermosas y jóvenes mujeres. ¡Todos ganan! Es fantástico. Bernays había comprendido que la mujer de la postguerra había penado en las fábricas mientras los hombres estaban en el frente y le ofrecía un símbolo fálico digno de la magitud de sus reivindicaciones, la colilla.

Los éxitos prosiguen para la asociación Bernays-American Tobacco. Con objeto de inflar las ventas aún más, Edward recluta diferentes asociaciones de médicos y financia sus agresivas campañas para propiciar la delgadez en la mujer. ¡La mujer americana saludable será pues filiforme! Las tiendas especializados y las publicaciones destinadas a los médicos publican artículos alabando las virtudes de la delgadez femenina, pero también de Lucky Strike, el elejido de los médicos, y siempre lo mejor para la salud.

Publicidades en los periódicos y las revistas, presentadas por agrupaciones de doctores, de médicos de familia, de dentistas y de institutos más o menos mentirosos (todos fundados por Bernays con fondos de American Tobacco) le proponen luego directamente a la mujer tender la mano hacia un cigarrillo más bien que hacia un caramelo, lo cual es tanto mejor para la salud. La campaña alcanza tal éxito que los grandes confiteros y los productores de azúcar demandan a American Tobacco judicialmente y reclaman daños e intereses. ¡Es un triunfo, la mujer es flaca, es libre, respira salud!

Bernays inventa el concepto de la bidireccionalidad de la relación entre el producto y el cliente. Eddie es el primero en proponer de ir a ver al consumidor en persona para escuchar su voz. Los institutos de sondeo nacen de esta nueva necesidad. Gallup es el primero, en 1935. Se organiza uno de los primerísimos grupos de enfoque y Bernays descubre allí un defecto mayor del cigarrillo en la conquista del público femenino, el color. En primer lugar, la mujer moderna quiere usar pintura de labios (acabamos justamente apenas de convencerla que sus labios no tenían buen tinte) y la pintura mancha el cigarrillo. Eso no es bonito. Le ofrecemos pues primero cigarrillos a la moda, con la boquilla de color oscuro. No es todo. El paquete verde de Lucky Strikes desagrada a las damas, ya que no va con nada de lo que visten. Bernays le propone a American Tobacco modificar el color del paquete para que armonice con los tintes de la época. Se enfrenta con una negativa categórica. La marca puso tanta energía para imponer su imagen que ello está fuera de cuestión. No se amedrenta. Eddie hace participar a sus contactos en el mundo de la moda y de los textiles (otros clientes suyos) y llega a imponer el color verde del paquete de Lucky Strike. El verde se convierte en uno de los colores de moda de los años locos y, cosa esencial, la mujer moderna puede sacar su paquete de Lucky Strike dondequiera, armoniza con su vestido, la pared, las colgaduras, el piano, la lámpara, la alfombra. Y su tez.

Detalle gracioso, en el curso del mismo período, la asociación de productores de carne de cerdo de los Estados Unidos contratan a Bernays. Éste se da cuenta de que los americanos se contentan mayormente con un café simple o un zumo de naranja al desayuno. Eddy se agita en todas direcciones, encuentra a algunos médicos preparados a todo por un pequeño cheque, y se embarca en una campaña multidireccional para convencer a los estadinenses de comenzar el día con huevos y tocino. En aquella época, pues, una única empresa de relaciones públicas, la de Bernays, hace a la vez la apología de la delgadez y canta las virtudes del tocino.



Teapot Dome


Poison Ivy había dejado su marca y hecho su bonanza gracias a la matanza de Ludlow. Es el escándalo llamado Teapot Dome que verdaderamente lanza a Bernays y le hace merecedor de su sobrenombre de Father of Spin (el padre de la desinformación). En medio de un tira y afloje por el escándalo de Teapot Dome, el presidente Harding acude a Bernays. Éste no podrá impedir que sea un poco asesinado. Muere de una embolia envenenado, de un ataque cardíaco y/o de una interrupción respiratoria, complicado por una extraña inacción de los médicos, en el curso de un viaje en tren.

Es la ocasión de inaugurar un (otro) anexo al Siglo Malvado, que se titulará >Pequeño Manual del Robo Fraudulento. El vicepresidente Coolidge llega a la presidencia en lugar del presidente, y Bernays prosigue su trabajo de reparador de imagen. Primeramente vendemos la idea tranquilizadora que Coolidge es un personaje sin lustre, aburridor, un hombre ordinario, un buen marido (contrariamente a Harding que tenía amiguitas), un pequeño colegial sin la envergadura de los crápulas acostumbrados. En cuanto todo el mundo se tragó esta idea, nos ocupamos de su pseudo carácter tristón haciéndole pasar por un hombre discretamente fascinante. Bernays organiza fiestas en la Casa Blanca con toda la élite de Hollywood. Los periodistas acuden, los fotógrafos se deleitan. Coolidge se vuelve grande. Bernays es un miembro de éxito de la sociedad de Nueva York, dando fiesta sobre velada en su elegante departamento en el Netherlands Hotel dónde recibe tanto a las estrellas como a los políticos, los ricos, los grandes de este mundo. Todo el mundo está contento. Nadie recuerda que el Teapot Dome estaba relacionado con el partido de Coolidge, que se lleva la elección. ¡Keep cool with Coolidge!

También es en el curso de estos años que Bernays desarrolla la idea del Ser consumidor. Walter Lippman (autor en 1922 de la expresión "fabricando consentimiento" - manufacturing consent) y Bernays (que va más lejos con "ingeniería del consentimiento" - engineering consent) consideran ambos que la masa debe ser controlada, guiada, restringida. Sus esperanzas, deseos, necesidades y aspiraciones deben ser canalizados por la élite, los pastores del rebaño. La élite de la sociedad americana (los grandes banqueros, los industriales y sus lacayos) sueña con una sociedad estable, dócil y provechosa.

El consenso entre los historiadores aparentemente sería que Hoover era falto de carisma, no era entendido en política, no tenía mucho apoyo entre los elegidos, no entendía nada de economía. Lindo desafío para Bernays. Herbert Clark Hoover es elegido presidente en lugar de Coolidge en 1928. Asume el 4 de marzo de 1929. ¡Había sido secretario de comercio bajo Harding y Coolidge, luego el incidente de Teapot Dome había sucedido durante su mandato! ¿Quién se acordaba de eso?! ¿Quién se preocupaba?! ¡Hoover mantiene a Bernays en su empleo, confiándole misiones diversas. A partir de octubre del primer año del mandato de este grotesco pazzi, ocurre el Crash. Bernays está pues en la cumbre de la torre durante estos años cruciales de la Gran Depresión, en el curso de los cuales los grandes bancos americanos e internacionales proceden con su inmensa estafa.


Jabón, química, trucos


En 1924, Procter y Gamble contrata a Bernays. ¿El problema? Los niños detestan el jabón. ¿Por qué? Hace arder los ojos. Bernays lanza un concurso nacional de escultura de jabón Ivory. ¡Millones de niños participan! Haciendo esto, domestican al jabón. ¡De todos modos, en casa de Procter reímos bien, las escuelas compran cajas de jabón para sus cursos de arte! Hasta distribuimos a las madres de familia las guías que explican cómo transformar las virutas sobrantes en jabón de lavar la ropa. Bernays quedará empleado en Procter y Gamble durante cerca de cuarenta años.


Los capítulos VI y XI de Mein Kampf están directamente inspirados por Cristallizing. Goebbels, primero rival, luego brazo derecho de Hitler en los años 20 y ministro Nazi de propaganda del 1933 al 1945, admiraba abiertamente a Bernays y se inspiró en sus libros y en sus hazañas de principio a fin. Los nazis invitaron sin éxito a Bernays a venir a trabajar para ellos. A pesar de que compartía su odio violento contra los comunistas, Eddy, judío, patriota y progresista, detestaba el fascismo y declinó. Para Edward Bernays, la élite efectivamente debía dictar su voluntad al pueblo, pero preconizaba una manera dulce y sofisticada de llevar el rebaño al cercado, contrariamente al método garrote de Mussolini, Franco y Salazar. ¡Los Nazis eran gente abierta, razonable y moderna! Impartieron un método mixto, utilizando un poco de garrote, un poco de cancioncilla, y llevaron con gran vigor el rebaño al corral, como se sabe.


Los Años treinta


Bernays convence a los arquitectos y diseñadores de interiores de los años treinta de empotrar bibliotecas por todas partes. ¿Su cliente? El editor gigante Simon & Schuster. Los recién casados buscan libros para adornar sus bibliotecas.

En 1931, en la película Thirty Million Frenchmen, Maurice Chevalier canta una canción de la que uno de los versos es "You've got those ways, those fetching ways, that make me rush out to Cartier’s" (Tu modo encantador me da ganas de correr a comprarte joyas de las que usan los ricos). Edward Bernays pagó a los productores de la película para que incluyesen este verso en la película. ¿El cliente de Eddie? Cartier.


Del mismo modo, haciendo caso omiso de todo realismo histórico, los vaqueros de Hollywood comienzan a fumar cigarrillos en la pantalla. Escenas con colillas son añadidas torpemente en el momento del rodaje, a menudo ubicadas un poco dondequiera. Lo importante es simplemente hacer creer en una tradición que asocia al hombre, al verdadero, con el cigarrillo. El héroe de las películas del oeste no es casi nunca un vaquero (empleado de granja), sino casi siempre el sheriff. Sheriff = la poli = autoridad = civilización. Es pues el elemento de la historia que representa la voluntad de la élite de poner orden, de esclavizar a la gente a las necesidades de la ciudad. De imponerles la voluntad del imperio a los hombres libres. Invito a los padres de entre mis lectores que meditan sobre los personajes y las acciones de la película Toy Story a la que sus niños miraron mil novecientos setenta y cuatro veces. El liderazgo es asumido por el ejército y la policía. La piel es blanca. El sexo es masculino. Los inferiores siguen, ayudan, hacen lo mejor posible, colaboran. Es lo que se les pide. El mal último (identificado por la música): modificar los productos industrializados para hacer de ellos algo nuevo (ciertamente lo que se podría llamar el arte). Los productos sufren cuando se les falta al respeto. Esta película prueba que Bernays es eterno.

Una de las grandes obsesiones históricas de América es Order out of Chaos (hacer surgir el orden del caos). Es una de las frases favoritas de Rockefeller, que durante la conquista del oeste hacía la conquista del mundo. También es una de las expresiones preferidas de Edward Bernays, que a menudo la emplea en sus escritos. Son las últimas palabras de su libro de 1928, Propaganda.

En 1936, Bernays es contratado por la compañía Philco para desarrollar el mercado estadinense de la radio, hasta entonces estancado. Esto marchó muy bien.


Exposición del Nuevo Mundo


En 1939, Bernays participa de maneras múltiples en la Exposición Mundial que se desarrolla en New York. Bernays está encaprichado con el vínculo entre la corporación y la democracia. General Motors y Ford dominan la exposición.

GM, uno de los clientes de Bernays, presenta su visión de la América del futuro, con su pabellón muy visitado, Futurama, en el cual se pueden ver los diseños de lo que devendrá la Extensión, la Suburbia, un mundo futurista guiado por la potencia de la corporación.

Una ciudad miniatura forma parte de las exhibiciones, llamada Democracity, mostrando un núcleo comercial e industrial cercado de inmensas tierras cubiertas con bungalows. La maqueta se parece como dos gotas de agua a la América del Norte actual. La obra de verdaderos visionarios. ¡Habían adivinado el futuro!

Hay que decir que los grandes cartels banqueros habían sacado provecho del Crash de 1929 para desposeer a los granjeros de extensiones inmensas de tierra en el medio oeste. El plan para el desarrollo de estas extensiones llegaba a su madurez. Ciertas personas creen que este modelo de civilización es el fruto del azar, o incluso un advenimiento natural. Estas personas se fabrican opiniones. Tanto mejor.

Ciertos observadores atentos notaron la ausencia de lugares de culto en el modelo reducido. Antes de que el escándalo estalle, como por arte demagia, se le agregan algunas iglesias. ¿Qué importancia puede tener? Los habitantes de la verdadera Futurópolis no ejercerán el poder, sino más bien sus deseos inconscientes.

Alemania estaba asombrosamente ausente de la exposición, en el sentido que no alquilaba allí ningún pabellón. En cambio, su presencia se hizo sentir a lo largo de los dos años de presentación, ya que las naciones representadas tenían la desopilante tendencia de hacerse anexionar o conquistar una tras otra por esta misma discreta potencia teutona.

Checoslovaquia, luego Polonia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Noruega … Ciertos pabellones permanecieron abiertos hasta el cierre del lugar en 1940, últimos vestigios de la soberanía de sus madres patrias.

Otro más de estos detalles graciosos, el pabellón de Polonia era vecino del de la Unión Soviética. En 1940, toda la sección es arrasada por la topadora para hacerle sitio a un espacio llamado la Comuna Estadinense.



La ruta


La compañía Mack Trucks contrata a Bernays en 1949. Su problema: no pueden vender más camiones. Saturaron el mercado. Eddie comprende que la competencia no viene de otros fabricantes, sino del ferrocarril. Llega a imponerle a su cliente una idea totalmente loca, atacar a los trenes haciendo una promoción rabiosa de la autopista. Una fortuna es engullida en el proyecto. ¡Formamos comités de ciudadanos ingenuos, los falsos expertos escriben sendos artículos que aparecen por todas partes, la presión popular pesa sobre autoridades ya corrompidas por contribuciones nada despreciables, es un verdadero maremoto que toma por asalto la campiña americana! ¡La cubrimos de caminos! Hay que decir que General Motors también es cliente de Bernays, y que los tentáculos supuestamente separados de la Standard Oil se hacen presentes para contribuir al esfuerzo. Lo único que faltaría es que Bernays saque de la manga otro de sus Comités Nacionales de Médicos de Familia para alabar las virtudes del asfalto en la lucha contra las uñas encarnadas. La civilización del automóvil comienza su verdadero auge.


Bananas


Por supuesto, Eddie trabaja para el gobierno estadinense durante la Segunda Guerra. Primero como promotor de la entrada en guerra, luego del esfuerzo industrial, pero eventualmente como consultor para el OSS (la organización del servicio de contraespionaje), que luego se convertirá en la CIA. Como era secreto, no conocemos gran cosa de las actividades secretas de Bernays para el servicio secreto. Así como decía un gran filósofo, "si te digo mi secreto, no sería más agente secreto ". Un rumor corre según el cuál Eddie habría participado en el estudio de la psique nipona que llevó al empleo del arma nuclear contra Japón. EL OSS también habría acariciado el proyecto de hacer estallar las fallas sísmicas de la isla bombardeando las orillas de las placas tectónicas, pero esto, maldición, esto sería una locura total.

Probablemente es en el curso de su paso por el OSS que Edward Bernays traba amistad con los simpáticos hermanos Dulles, John Foster y Allen. Éstos son abogados, políticos y grandes aficionados a las frutas. Invitan a Eddie a trabajar para una linda empresa de la cual son abogados y de la que son accionistas importantes, la United Fruit. Estos señores encantadores serán objeto de un capítulo exclusivamente para ellos, así que no me extenderé demasiado sobre las grandes obras de su encantador bizness. Lo cierto es que tenían muchas bananas para vender, lo cierto es que es la potencia de su compañía (y su obsesión por la banana) que engendró la expresión "la república de la banana", y lo cierto es que Edward Bernays evidentemente no se encontró con un gran desafío cuando se le pidió vender los plátanos al inconsciente del yo consumidor de los occidentales. Pensar en grande.

En el plano de la política exterior, no se hace tortilla al tocino sin romper huevos. No siempre anduvo todo sobre ruedas para nuestros amigos Dulles. Evocaré aquí sólo el caso Arbenz, que hizo época, porque la cosa forma parte de las obras maestras de Bernays. El plan montado para esta operación a menudo sirvió más tarde y todavía sirve hoy. Hasta diría que será empleado hasta el fin de los tiempos, si por desgracia fuéramos hasta allí.


El coronel Jacobo Arbenz Guzmán es elegido presidente de Guatemala en 1950. Es un moderado pragmático, preocupado en desarrollar el potencial económico de su país y de mejorar las condiciones de vida. Para hacer la historia corta, Arbenz tiene la idea de comprarle a United Fruit las extensas tierras no cultivadas que ésta posee en el país. Ante la negativa del gigante americano, una ley es promulgada, permitiéndoles a los campesinos adquirir tierras abandonadas por las grandes empresas agrícolas. El problema es que la United Fruit necesita absolutamente estas tierras para asegurarse el control de la producción y evitar toda competencia, lo que le permite fijar los precios. Que los campesinos se mueran de hambre mirando campos donde nada se planta no forma parte la ecuación. United Fruit y Wall Street de un lado, y el pueblo de Guatemala y su gobierno del otro, están en lo sucesivo a cuchillo desenvainado. Pero el imperio de la fruta posee una arma de persuasión masiva.


Bernays es comisionado para llevar adelante una campaña de difamación en los medios de comunicación americanos, en el curso de la cual el gobierno guatemalteco es tachado de comunista y sus medidas a favor de los campesinos son mostradas como prueba de la influencia terrible del ogro soviético, en plena área geográfica de influencia estadinense, en el propio patio trasero del Tío Sam (el familiar término backyard).

El público mismo acaba por reclamar una intervención y el ejército Imperialista arma y organiza un golpe de Estado en 1954. Los cables de prensa occidentales anuncian triunfalmente la buena nueva de la liberación del país. Estos textos salen directamente de la oficina de Edward Bernays, informada hora tras hora por su red de espías y de agentes, parte United Fruit, parte CIA, que infestan la capital ciudad de Guatemala.

Una junta militar reemplaza al gobierno democrático, que reina desde ese momento sobre el país, en colaboración armoniosa con la United Fruit y sus subsecuentes encarnaciones, que retomaron todos sus derechos. Desgraciadamente hubo que ejecutar, violar, torturar y encarcelar algunas centenas de miles de personas, pero es el precio que hay que pagar para vivir en un mundo libre y seguro.



Increíble ironía


Pequeño subproducto cómico e inesperado de este golpe de Estado, un joven hombre estaba en casa de amigotes en el momento de la toma de la capital. Este joven médico beatnik, hasta ese día más bien bebedor, mujeriego y aburrido por la política, ha quedado tan estupefacto por los acontecimentos que su vida cambió radicalmente a consecuencia. Se llamaba Ernesto Guevara Lynch de la Serna.


Flu-horror

A finales de los años 40, el ejército americano fabricaba bombas. Muchas bombas. Nucleares. Uno de los subproductos de esta industria, el fluoruro, era un violento veneno. Costaba caro desembarazarse de eso. En previsión de las eventuales demandas judiciales que las víctimas inevitables de esta plaga corrían peligro de iniciar, fueron encargados y fabricados estudios destinados a hacer creer que este residuo tóxico era una panacea... Bernays dirigía la operación, y como sus pequeños institutos dentales ya estaban activos, los mismos que recomendaban el cigarrillo desde hace 20 años, se decidió que esta rechina de madre era buena para los dientes y Eddie se encargó del trabajo. En lugar de gastar millones para encontrar un modo de que la seguridad pública disponga de esta caca industrial, lo VENDEMOS a las comunidades, que con dinero de los impuestos, nuestro dinero, lo mezclan con el agua potable.


Golda Meir se acercó a Bernays quien seguidamente se encargó de la imagen pública de Israel en los Estados Unidos. La India también lo contrató para el mismo trabajo. En ambos casos, Bernays informaba escrupulosamente al Departamento de Estado, por tanto a sus amigos Dulles.


Bernays vivió hasta la edad de 105 años. Jamás le gustó el cigarrillo y jamás fumó. Al corriente desde los años 30, tal como sus empleadores de la época, de los peligros del tabaco, hasta convenció a su mujer de dejar de fumar. Posiblemente roído por la culpabilidad, prestó sus talentos a la lucha anti tabaco desde los años sesenta, hasta proponiendo campañas tan radicales que fueron rechazadas por las autoridades.


Parcialmente consciente (un poco menos que Guy Debord, digamos) sobre los aspectos nefastos del monstruo que había engendrado, intentó durante cuarenta años acotar los excesos posibles de la propaganda y de las relaciones públicas, proponiendo leyes, consejos y sociedades profesionales...


Sin éxito.


Epílogo


Para finalizar, una colección de municiones para la prima Natalia !…

Bernays dijo:

Ningún sociólogo serio cree en lo sucesivo en esa idea absurda según cuál la voz del público representa un tipo de idea divina, sabia o grandiosa. La voz del pueblo expresa el pensamiento del pueblo y este pensamiento es formado para él por sus dirigentes y por las personas que comprenden la manipulación de la opinión pública. Ésta consta de prejuicios tradicionales, símbolos, clichés (lugares comunes) y de fórmulas verbales inculcadas al público por la élite.

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En todos los gestos de nuestra vidas diaria, sean en la esfera política o económica, en nuestro comportamiento en sociedad o nuestra reflexión ética, estamos dominados por un pequeño número de personas - una fracción ínfima de la sociedad - que comprenden los procesos mentales y los marcos sociales que rigen a las masas.

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Es relativamente fácil hacer cambiar las actitudes de millones de personas, mientras que es imposible hacer cambiar la actitud de una persona sola.

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Es más fácil hacer aceptar el punto de vista propio citando autoridades dignas de respeto, encuadrando el ángulo en el cual nuestra idea germinó, y haciendo referencia a la tradición que diciéndole a alguien que se equivoca.


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Una frase que se dirige al público jamás debería contar más de dieciséis palabras y una sola idea.

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La mejor defensa contra la propaganda, más propaganda.

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Me ha chocado saber que mis libros adornaban los estantes de la biblioteca de Goebbels. Pero sabía que toda actividad humana podía servir objetivos sociales o antisociales. Con toda evidencia los ataques contra los judíos en Alemania no tenían nada de explosión emotiva y todo de campaña cuidadosamente y deliberadamente planificada.

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Soy la víctima, y no el beneficiario, de mi propia propaganda.


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La escuela pública debería formar al educador y hacerle entender que su trabajo comprende dos aspectos: la educación como profesor, y la educación como propagandista.

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¿ Podemos llamar a esto el gobierno por la propaganda? Si usted prefiere, llamemos esto el gobierno por la educación. Sin embargo, educación, en el sentido académico de la palabra, es insuficiente. Hace falta una propaganda experta e iluminada, a través de la creación de circunstancias, la puesta en escena de acontecimientos significativos, y la dramatización de ciertos sujetos. El hombre de estado del futuro será de este modo capaz de movilizar el pensamiento del público acerca de ciertos puntos políticos precisos, y podrá disciplinar un vasto número de electores heterogéneos ofreciéndoles una comprensión clara de la situación, que los llevará a acciones inteligentes.

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Algunos objetarán, evidentemente, que la propaganda acabará por autodestruirse, en el momento en el que sus mecanismos se vuelvan evidentes para él público. Mi parecer es que no.


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Fuentes:

Propaganda; Edward Bernays
Cristallizing Public Opinion; Edward Bernays

The Father of Spin; Larry Tye

The Prize; Daniel Yergin

Manufacturing Consent; Noam Chomsky

Mein Kampf; Adolf Hitler

La Exposición Mundial de 1939
http://xroads.virginia.edu/~1930s/DISPLAY/39wf/frame.htm

Wikipedia






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Traduction :
Rolando Lequeux

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